martes, noviembre 19 de 2019

Datasketch

Septiembre 05, 2019

Cuantos más computadores, menos mujeres programando

En Estados Unidos, el 36% de las personas que se graduaron de computación e información en 1985 eran mujeres. En 2011, eran el 18%

Johan Romero

Johan Romero

@JohanS_Romero

A los 12 años, Mark Zuckerberg ya programaba en Atari BASIC. A los 20, lanzó la plataforma thefaceboook.com, que él mismo había programado. Hoy, según la revista Forbes, es la octava persona más rica el mundo gracias a su habilidad con los computadores. En la lista de los hombres más acaudalados del planeta, pues ninguno de los diez primeros es mujer, hay otros magos de la tecnología: Bill Gates (Microsoft), Larry Ellison (Oracle) y Jeff Bezos (Amazon). Entre ellos, él es el más joven. Nació en 1984. Ese mismo año comenzó a descender la cantidad de mujeres en carreras de sistemas en Estados Unidos.

Paradójicamente, el descenso en aquellas cifras se debe al boom de los computadores personales a mediados de la década de 1970, solo entonces, los ciudadanos tuvieron la posibilidad de entrar en contacto con máquinas que hasta hace poco eran monopolio de las Fuerzas Armadas y de las universidades. Sin embargo, las mujeres estaban fuera del foco de quienes las comercializaban. Así, a las casas y los colegios estadounidenses llegaron los primeros computadores destinados al uso de padres, no de madres, y diversión de hijos, no de hijas. En consecuencia, las mujeres comenzaron a ser apartadas de máquinas que en los inicios habían sido programadas por ellas. Poco a poco, el imaginario de la mujer programadora se convirtió en la del hombre programador.

 ...

Hace setenta años, en cabeza de John Presper Eckert y John William Mauchly el gobierno de Estados Unidos puso a funcionar el primer computador electrónico, el Computador e Integrador Numérico Electrónico (ENIAC, por sus siglas en inglés). Mauchly estuvo a cargo de pensar un aparato que pudiera resolver operaciones matemáticas mil veces más rápido que cualquiera inventado. Eckert, por su parte, fue el encargado de la construcción de aquella mole de casi treinta toneladas. Sin embargo, el ENIAC no pudo funcionar sin la cabeza de las seis mujeres que lo programaron: Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence. Todas ellas eran matemáticas.

Lo anterior fue resultado de una distribución basada en género de quiénes tenían que desempeñar qué tareas. “El proyecto ENIAC hizo una distinción fundamental entre hardware y software: diseñar el hardware era el trabajo del hombre; programar era el de la mujer”, asegura Jennifer S. Light, directora del departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés) en el artículo “When computers were women”. Dado que las operadoras de las computadoras (lo que actualmente llamaríamos programadoras) recibían órdenes de sus superiores, las labores de software se pensaban como secretariales. De ahí que los hombres no percibieran como los predilectos para desempeñarlas. Ahora, para poner a funcionar el ENIAC no era suficiente acatar órdenes, también era necesario entender el sistema, incluso mejor de lo que sus creadores lo hacían, y tener una gran habilidad con los números.

Después del ENIAC, el desarrollo de los computadores continúo. En 1957, las treinta toneladas con una inversión de 500.000 dólares que requería el ENIAC pasaron a ser 360 kilogramos a un precio de 50.000 dólares del IBM 610. Aunque el IBM apenas se pudo comercializar por sus limitadas funciones, abrió la puerta para la masificación de las máquinas, cuyo boom llegaría veinte años después.

En 1975, la empresa Micro Instrumentation and Telemetry Systems (MITS) lanzó al mercado el primer computador personal que se vendió con éxito en suelo norteamericano. Dos años más tarde llegaron el Apple II de Apple, el PET 2001 de Commodore International y el TRS-80 de Tandy Corporation. Para cuando se dejaron de comercializar, se habían vendido, entre las tres marcas, más de seis millones de unidades. Todas esas computadoras que ocupaban un espacio en casas y colegios comenzaron a cambiar la percepción de la programación.

Para el momento en que Holberton, Jennings, McNulty, Meltzer, Teitelbaum y Bilas se embarcaron en la tarea de programar el ENIAC casi nadie tenía contacto con este tipo de aparatos. Si a lo anterior se suma que las tareas de software se consideraban una labor secretarial, el mundo de la programación era un gran nicho para las mujeres, pues los hombres se dedicaban o bien a construir las máquinas o a otras profesiones. Sin embargo, aquellos primeros computadores personales se comercializaron con narrativas dirigidas a los hombres.

La consecuencia de aquello es que los hombres empezaron a familiarizarse con la computación. Esto tomó valor en las universidades, es decir, los profesores apreciaban más a los estudiantes que llegaban a las aulas con conocimientos previos sobre los computadores. Como las mujeres no recibían estímulos culturales para acercarse a estos equipos, se comenzó a crear la idea de que eran ellos los más aptos para las carreras de Sistemas. Así nació un incentivo para que ellas no entraran al mundo de los computadores: no porque no tuvieran las capacidades, sino porque desde el principio estaban un paso detrás de sus compañeros. 

En cifras, según el Centro Nacional de las Estadísticas de la Educación de Estados Unidos, la cantidad de mujeres que se graduó de carreras de computación e información llegó a uno de sus puntos más altos en 1985. A partir de entonces comenzó a descender. Cuantos más computadores había en el mercado, más se alejaban ellas de la programación.

En la actualidad, organizaciones como ComputerScience se encargan de estudiar en detalle el desequilibrio en la cantidad de mujeres y hombres en ciencias de la computación y la información. Gracias a sus hallazgos, ComputerScience traza rutas de acción con las que buscan aumentar el interés de las mujeres, en especial en edad adolescente, en el mundo de la tecnología. Esta organización propone, por ejemplo, dar a conocer a las estudiantes las figuras femeninas relevantes en el área o crear ambientes participativos en los que ellas tengan espacio para la discusión. Además, muestra algunos campamentos de verano enfocados en el desarrollo de habilidades de computación para adolescentes como Technovation Girls, ProjectCSGirls o Girls Who Code. También presenta información sobre becas y ofertas laborales específicas para mujeres en la computación en Estados Unidos.

En este panorama también aparece Epic Queen de México, Chicas en Tecnologias en Argentina y la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España que ha construido una base de datos abierta de mujeres investigadoras y tecnólogas con más de 2400 registros en los que es posible ver qué han estudiado, dónde, en qué han trabajado y su correo o teléfono de contacto. Según su página web, "AMIT pretende ser voz, foro de discusión y red de apoyo para todas las personas concienciadas de que tenemos que trabajar juntas. Solo así lograremos la plena participación de las mujeres en la Investigación, la Ciencia y la Tecnología”.

@JohanS_Romero

compartir

Johan Romero

Johan Romero

@JohanS_Romero

Filósofo de profesión. Periodista de oficio.

artículos relacionados

Derechos Humanos

Agosto 23, 2019

A la Inteligencia Artificial le falta diversidad

A ninguna de las grandes compañías de tecnología le falta un departamento de Inteligencia Artificial, a todas les falta diversidad

Género

Julio 18, 2019

Mujeres en la programación, capítulo 4: Margaret Hamilton

Hablemos de la presencia femenina en el universo de la programación.